“El movimiento estudiantil plantea acciones de calle coordinadas y con una estrategia clara para la restitución de derechos y garantías”
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El presidente de la FCU-UCV, Miguelángel Suárez, y el consejero universitario de la UCAB, Marías Silveira, analizan el impacto de los hechos del 3 de enero y ratifican su compromiso con la protesta pacífica para la recuperación de la democracia
Entrevista realizada por Pedro Pablo Peñaloza.
El 27 de enero, Miguelángel Suárez estuvo cara a cara con el poder. “Fue un momento de muchísima tensión, es el poder personificado”, admite el presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV).
Ese día, Suárez abordó a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, en medio de su recorrido sorpresivo por el campus de la UCV. Sorpresivo porque según indicó posteriormente el Consejo Universitario encabezado por el rector Víctor Rago Albujas, las autoridades de esa casa de estudios “en ningún momento fueron oficialmente informadas” de la visita.
Teniendo enfrente a la mandataria interina y su séquito, donde despuntaba el general en jefe Gustavo González López, hoy responsable de la Guardia de Honor Presidencial y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el estudiante abogó por la liberación de todos los presos políticos.
“Creo que también fue una representación de la irreverencia y gallardía inherentes al movimiento estudiantil. No solamente era yo, había al menos 25 estudiantes que decidieron tomar esta acción para alzar la voz por nuestros presos políticos, por los que hoy sufren, y quizá ser un interlocutor de un clamor que no es solo de los familiares, sino de todo un país”, resume el portavoz de la FCU.
¿Suárez ha podido proceder de forma distinta? ¿Entregarle un documento a Rodríguez, usar otras palabras o solicitarle formalmente una reunión? A la distancia y en frío, cada quien sabe qué se tenía que hacer.
“Había una tensión por lo que representa hacer esto en Venezuela, pero con la convicción clara de que hay que luchar porque se ensanche el espacio público y que este tipo de acciones no sean un tema tabú, sino que un servidor público pueda ser interpelado en cualquier momento por un ciudadano”, responde el bachiller.
Nuevo momento
Bien puede afirmarse que la historia de Venezuela se divide en antes y después del 3 de enero de 2026. Aunque la llegada del nuevo año se celebró con las 12 campanadas del 31 de diciembre, fue en realidad 72 horas después que la República despertó en una etapa distinta.
El impacto sacudió al movimiento estudiantil. “El 3E cambia el panorama político, el país es otro, se mostraron las costuras de un sistema que se presentaba como infranqueable y, al cambiar ese paradigma político, hay una oportunidad que se abre, que nosotros queremos aprovechar para volver a incidir en el espacio público”, explica Suárez.
En este escenario, el presidente de la FCU observa que “quizá aumentaron los costos de represión y nosotros podemos ser punta de lanza para que el espacio público se recupere y que los venezolanos puedan avanzar en la restitución de garantías políticas y civiles, de cara a un posible proceso de transición a la democracia”.
Matías Silveira, consejero universitario de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), subraya que el 3E ha avivado la llama del movimiento estudiantil, aumentando en los jóvenes la voluntad de participar.
“Hace un mes esto era inconcebible, que la gente convocara una marcha, que se sentaran con mucha más frecuencia las diferentes universidades a conversar. Dadas las circunstancias, se ha abierto una ventana de oportunidades donde nos hemos podido sentar no solamente entre los distintos actores del movimiento estudiantil, sino con otros sectores de la sociedad civil”, reconoce Silveira.
Activos
Suárez subraya que “el movimiento estudiantil plantea acciones de calle, pero coordinadas y con una estrategia clara para la restitución de derechos y garantías civiles y políticas que necesitamos como juventud y estudiantes”. En la lista destaca las demandas que les atañen directamente: el respeto a la autonomía universitaria, el presupuesto para las casas de estudio y “la imposibilidad que existe después de graduarse de poder conseguir un empleo digno”.
“Se tiene que crear el músculo suficiente para que efectivamente se pueda retomar la calle”, observa Silveira. “Cuál es la sustancia y el propósito de que la gente salga a la calle, si mañana liberan a todos los presos políticos, qué ocurre con la agenda del movimiento estudiantil. Eso es lo que hay que trabajar previo a la salida a la calle masiva”, acota.
El representante estudiantil de la UCAB estima necesario “llegar con propuestas a esas movilizaciones, no solamente para demostrar disgusto y exigir, sino también para aportar, brindando soluciones en la mesa que muestren el criterio de la sociedad civil”.
Peligro
Sectores advierten sobre el riesgo de que la protesta degenere en violencia, lo que podría conducir a otro ciclo de represión y afectar el avance hacia una eventual transición. ¿Comparten ese temor los dirigentes estudiantiles?
“Creo que es una opinión que dista bastante de las capacidades de organización y formación que pueden derivar del movimiento estudiantil y de la experiencia previa, que te indica que en el escenario de la confrontación el único ganador es el Estado por los recursos y capacidades que tiene. Nosotros creemos en la protesta pacífica, organizada y con objetivos claros”, contesta Suárez.
Silveira ratifica el compromiso con la protesta pacífica, enfatizando que los muchachos aspiran a dar ejemplo y hablar con hechos. “Nosotros queremos exigir una transición democrática y pacífica, porque Venezuela ya pasó por más de dos décadas de violencia, agresiones y censuras. Nosotros tenemos que demostrar que esa libertad debe venir acompañada de un componente cívico, pacífico y democrático”.
Hacia el futuro
Los jóvenes se vuelven a levantar y marchan hacia la promesa de un mejor futuro. “El objetivo a corto plazo del movimiento estudiantil es poder organizarse, entendiendo que hay una oportunidad y quizá la represión aparentemente parece haber cesado un poco, entendiendo que estamos en el mismo sistema, pero con otras condiciones”, apunta Suárez.
“A mediano plazo, poder unificar una agenda para la exigencia de la restitución de los derechos civiles y políticos inherentes al ámbito juvenil y universitario, y a mediano y largo plazo el poder ser un actor influyente en la toma de decisiones de cara a dichas políticas”, añade el presidente de la FCU, identificando los pasos que quieren dar en esta etapa.
Silveira recalca la importancia de trascender. “No queremos que el movimiento estudiantil sea como una ola, que toma fuerza y después se acaba. Debe convertirse en un proceso en el cual se vayan sumando diferentes sectores de la sociedad civil a lo largo del tiempo para que esto agarre más fuerza”.
El vocero de la UCAB cree que llegó el momento de “trabajar en un movimiento estudiantil con un criterio enriquecido y suficientemente maduro para que se pueda accionar por la libertad de Venezuela”.
