Rumbo al Sendero Democrático
Selecciona el idioma
La larga oscuridad del camino y la resistencia como faro
Han pasado 1.061 días de la elección primaria de octubre de 2023 que consolidó a María Corina Machado como la líder indiscutible de la oposición, así como han pasado 781 días desde aquel 28 de julio de 2024 cuando el mundo vio cómo toda la ciudadanía venezolana organizada ganó una elección presidencial a una dictadura que durante meses secuestró, intimidó, torturó e inhabilitó la voluntad de todo un país por no aceptar un resultado apabullante que daba ganador a Edmundo González Urrutia.
A partir de esas fechas surgieron dos fenómenos que deben ser estudiados por las ciencias sociales: el primero es nada más y nada menos que el Movimiento 28 de julio, una coalición ciudadana de todos los sectores de la sociedad, desde zonas populares hasta pequeños y medianos empresarios, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil que, en un ejemplo de organización nunca antes visto, recolectaron 25.575 actas representando el 85,18% de las 30.026 mesas electorales instaladas en el país, demostrando con pruebas cómo la dictadura de Nicolás Maduro se robó ese día la elección; el segundo hecho fue la resistencia clandestina de las fuerzas democráticas post 28 de julio, cómo miles de venezolanos de todos los sectores fueron encarcelados, torturados, desaparecidos o exiliados, llegando a alcanzar cifras de más de 2 mil detenidos por razones políticas. Pero este terrorismo de Estado nunca doblegó el espíritu del 28 de julio; como si se tratase de una lucha ascética, los venezolanos nunca aceptaron al dictador Nicolás Maduro. Aun en medio del terror más grande, en las bodegas, panaderías y supermercados se hablaba en murmullos de que quien decía ser el presidente no lo quería ni quien decía defenderlo. Los exiliados nunca habían elevado tanto la voz por los que nos quedamos en el país; ellos denunciaban, investigaban y luchaban día a día por demostrar que aquel hombre de ropa deportiva que cantaba canciones de John Lennon en un inglés jocoso no era más que un tirano tan comparable con Stalin o Saddam Hussein, que su supuesto gobierno era una red criminal al servicio de organizaciones terroristas y que financiaba a estas mediante el narcotráfico y una red de lavado de activos como nunca antes vista.
Pero ahí, en medio del terror, los venezolanos nunca dejaron de creer que, aunque el tirano seguía mintiendo y torturando, la transición ya había empezado. Para algunos, aquel domingo 12 de octubre cuando los venezolanos volvieron a creer que sí existía un camino por llegar a la democracia; otros, desde el 28 de julio cuando nos levantamos a las 4:00 a.m. para ir a votar y cantar el himno nacional en medio de las kilométricas filas para ejercer un derecho secuestrado por tantos años. Desde esos dos momentos los venezolanos no han pensado en otra cosa que alcanzar la democracia, y esa madrugada, cuando vimos al tirano capturado, muchos confirmamos que nunca se habría dado un 3 de enero sin un 28 de julio.
Transitar hacia la democracia
Decía el expresidente Dr. Rafael Caldera que “De la tiranía hacia la democracia no era posible ir en línea recta sino en una línea de Zigzag”. Esta frase, que le pertenece a su libro Los Causahabientes: De Carabobo a Puntofijo, parece profética en medio del contexto país que nos toca vivir, en medio de una negociación que busca mediante la reinstitucionalización alcanzar que esa transición tome un sendero hacia la democracia. Pero en un país donde el régimen se ha encargado de satanizar el diálogo mediante el incumplimiento, la manipulación y la mentira, este proceso de negociación no es perfecto; es el que nos tocó en medio del increíble zigzag y nos demuestra que en política no hay escenarios ideales, sino caminos pedregosos y de obstáculos donde la claridad puede escasear y las neblinas confusas pueden generar tensión.
Adolfo Suárez, el hombre que destruyó al franquismo desde adentro, decía una frase que puede definir muy bien el precio de hacer política: «La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes, elige siempre la difícil». Y para mí eso define el espíritu de lucha del ciudadano venezolano: pudimos elegir el camino fácil y rendirnos al régimen, vendernos por un cargo como hicieron algunos o simplemente callar porque «estoy afuera y Venezuela nunca va a cambiar».
Por eso desde el Instituto Forma, encabezado por Paola Bautista de Alemán, ideamos un programa en conjunto con otros importantes politólogos para que la ciudadanía desde todas sus áreas (partidos, ONG, sociedad civil y gremios) tenga la oportunidad de formarse en qué es una transición y cómo podemos ser útiles e impulsarla. Senderos Democráticos llegó a Zulia, Mérida, Táchira, Monagas, Miranda, Yaracuy, Carabobo, Aragua y Caracas, para que luego pueda ser replicada en más comunidades.
En el primer fin de semana arrancamos con 55 jóvenes del municipio Libertador, donde destacan líderes estudiantiles, miembros de partidos políticos, organizaciones no gubernamentales y jóvenes independientes sin ninguna filiación que se sienten llamados a transformar su país y ven en la formación la gran oportunidad de comienzo. Hoy, sumamos más de 500 personas capacitadas.
No es un simple programa teórico; busca profundizar en los conceptos necesarios, escuchar a la ciudadanía y darle herramientas para contribuir en el restablecimiento democrático. Por eso se llama “Senderos Democráticos”, porque busca que mediante el conocimiento y las relaciones interorganizacionales se generen espacios de debate y organización para impulsar la recuperación de la república.
Una de las grandes sorpresas (o no) de nuestras primeras sesiones fue ver las ganas que tiene la sociedad venezolana de cultivar una cultura política basada en virtudes cívicas. Ejemplo de ello es cuando nos enfocamos en las virtudes necesarias para impulsar la transición; para los asistentes, estas virtudes no deben ser solo parte del restablecimiento democrático… deben mantenerse en el país que queremos constituir. Para FORMA, esto es un llamado esperanzador a continuar llevando la formación a cada rincón del país, a no bajar los brazos frente al daño antropológico generado por el régimen en los últimos 27 años.
¿Por qué nace este programa en medio de este contexto tan complejo?
Desde el 2023 el Instituto Forma ha buscado tomar el pulso del país mediante el Estudio de Condiciones Predemocráticas. En este estudio que hemos realizado en los últimos 3 años hay datos que son demoledores: los niveles altos de ansiedad y miedo dentro de la ciudadanía, la falta de comunicación entre los distintos sectores de la sociedad que son como pequeñas islas que luchan desde sus espacios sin ningún tipo de apoyo, o emociones como la desesperanza, la frustración o la rabia. Estos indicadores nos motivaron a entender que la ciudadanía no podía estar al margen de la transformación y que los resultados de cada sesión deben transmitirse a los actores políticos de este proceso para que sepan qué piensa el venezolano sobre lo que estamos viviendo.
Del Zigzag a la consolidación democrática
La gran preocupación manifiesta en nuestras sesiones no solo es cómo logramos impulsar esta gran oportunidad histórica, sino cómo logramos que la democracia se consolide en el país. Surgen ejemplos como Nicaragua, la democracia venezolana previa al chavismo o el deterioro de democracias consolidadas como España o Colombia, que han pasado por crisis de legitimidad que abren la puerta al autoritarismo. Para los asistentes, este proceso es algo único, no solo por la tutela de Estados Unidos, sino por la oportunidad de consolidar un régimen democrático que pueda impulsar una ola democratizadora en el continente que acabe con regímenes como los de Cuba y Nicaragua.
Sin duda, la sociedad venezolana aspira a la democracia y no la espera sentada en un sillón: quiere ser partícipe de su construcción. Desde el Instituto Forma estamos dispuestos a seguir haciendo trabajo de hormiga desde la formación ciudadana para impulsar el clima transicional que vive nuestro país.
Esperamos que este esfuerzo,-aunque pequeño- ayude a que la transición deje de verse como un ente abstracto y lejos de la ciudadanía.
Escrito por Sebastián Horesok







